Restaurando un recuerdo familiar

Hace unos meses Lourdes entró en el Taller Cuqui Cute con el tocado que llevó su madre en su boda hacía más de 30 años y que ella tenía mucha ilusión en lucir también en la suya. Restaurar. Todo un reto para nosotras que aceptamos con entrega y cariño esta tarea.

tocado novia cuquicute lourdes

Para crecer hay siempre que salir de la zona de confort y afrontar nuevos retos. Nos trajeron uno, restaurar un tocado que era herencia familiar y había que tratarlo con todo el mimo y cuidado. Este no lo esperábamos pero nos gustaba. Estaba compuesto de brotes de jazmín blancos de un material similar a la cera, rematado de flores blancas de raso en forma de corona ascendente. Obviamente todo el blanco del tocado -tanto las bolitas como las flores- estaba muy deteriorado y amarillento del transcurso de más de 30 años. Había que desmontar entero el tocado, sustituir el hilo de seda con el que forramos las ramitas de jazmín, las flores de raso hacerlas nuevas con nuevos pistilos perlados y de paso Lourdes, nuestra clienta, lo quería con la misma forma pero algo más pequeño adaptado a su cabeza.

Manipulamos siempre el tocado con sumo cuidado y deshacer cada ramita de bastoncillos no fue tarea fácil. Algunos (los primeros) perdieron todo el tallo y fue casi imposible incorporarlos al nuevo montaje porque no tenían hilo de sujeción. Salieron bien casi todos los demás y le dimos un acabado en brillo -del mismo que usamos para las flores de porcelana fría de otras novias- y así lució como nuevo. De paso  quedó con un acabado más parecido al de porcelana, algo que agradaba a Lourdes.

Hacer en raso el patrón de unas flores tan pequeñas… nos costó mantener rectos los picos de la flor. Aprestamos el raso para que tuviera la rigidez adecuada y lo pusimos en capas para usar el patrón y sacar varias flores que conformarían una. Las ahuecamos con la herramienta más
pequeña
y la fuimos alambrando con los nuevos pistilos. Solo dos capas de raso fueron suficientes al final porque quería incorporarle una tercera pero se perdía la delicadeza del dibujo de la flor.

Finalmente montamos escalonadamente la tiara, desde el centro a los lados debía ir
decreciendo. Así que usamos las matemáticas para ir bajando un centímetro. Comenzamos por uno de los lados y hasta el resultado final comprobamos que tenía el efecto deseado. ¡Estaba perfecta! Digna de una princesa. 

tiara novia cuquicute artesanalComo nos sobraron flores de raso y bastantes bastoncillos de jazmín, le regalamos un pequeño prendido a juego para que Lourdes se lo regalara al padrino o al novio. Y finalmente la tarea de restaurar un tocado antiguo fue de lo más satisfactoria y emocionante. Ver el brillo en la mirada de la novia al recogerlo era prueba evidente que la misión estaba más que cumplida y que ahora tendría una tiara de novia como nueva pero cargada de emotividad y recuerdos familiares. ¡Para que dure otros treinta y muchos años más!